Cuando pienso en música electrónica, jamás resuena en mi cabeza ni el ritmo de moda, ni las rave europeas, ni mucho menos el odioso punchi-punchi. Tampoco pienso en tipos altos y flacos vestidos como afeminados ni chicas a go-go danzando por plata en jaulas. No pienso en Jet-set ni en famosos, ni realizadores audiovisuales ni fiestas de diseñadores. Pienso, indeclinablemente, en Yoshihide Otomo (大友良英).
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