Música III: Un viejo y un violín

 

Un viejo violín, un viejo viejo...

 

 

Julio Cortázar decía que la muerte puede estar a la vuelta de la esquina, y tiene una buena parte de razón. Pero Julio Cortázar no caminaba por Valparaíso, donde puedes encontrar no solo la muerte, sino además un sinúmero de situaciones aún más inexplicables para la psique humana. Y no sólo a la vuelta de la esquina, sino también en en algo tan absurdo como lo es la puerta de un tren.

Son escasos los momentos de la vida en que una situación cotidiana como pocas se convierte en un instante en que tu conciencia se expande y percibes las energías flotando y moviéndose en el ambiente, y más escasos los momentos en que sientes que estás compartiendo esa experiencia con más personas, y mucho más escasos cuando a esas personas ni las conoces, ni las has visto antes, ni las verás después. Para mí, el "regalo" ha sido que esta experiencia se haya debido en gran medida a algo que amo en lo más profundo de mi ser, que es la música.

Estación Francia, Metro Valparaíso, mediodía de un Sábado, de vuelta a Viña del Mar... todo normal, el mundo funcionando como siempre, las personas dormidas creyendo que están despiertas como siempre, el tren a la hora exacta en un recorrido que hasta un físico cuántico podría calificar de previsible y exacto. Nada fuera de lo común, hasta que la puerta se abre.

No hay de qué asustarse. Nadie se topó con la muerte; tan solo con un pobre viejo que -cosa inédita en el nuevo servicio de tren de la ciudad- tocaba su violín apoyado en un tubo. El estuche en el suelo, el pañuelo y el cartel Por la música, los ojos ansiosos e hiperkinéticos observando a cada persona que entraba, el grueso y largo abrigo pese al calor. Más allá un tipo cargando una maqueta del Buque Escuela Esmeralda del tamaño de un niño, unos turistas alemanes hablando en su idioma, una mujer de rasgos chinos y un cúmulo de anónimos pasajeros. Mi hermana y yo somos de esos. El tren avanza y luego pasa una promotora vendiendo diarios, rompiendo con su voz las notas del violín del viejo que, pese al bamboleo del tren, logra mantener esa afinación al nivel justo para que todas las cuerdas vibren. Por un momento, pienso que sólo falta una vieja llevando cabras o gallinas. Se respira un aire muy diferente a la atmósfera que a diario se respira en esos pulcros vagones, relucientes y brillantes.

Para mi hermana y yo es casi inevitable dejar algunas monedas a quien toca música con dignidad. Estoy en ese acto cuando se escucha la risueña voz grabada de la mujer que anuncia las estaciones. "Estación barón", dice esta vez. Siempre he pensado que la voz de ella es feliz, como si estuviese alegre de comunicarle a los cansados pasajeros que han llegado a su destino sin novedad. Ese contraste fue el click que me despertó de golpe: en contraste con la bailarina voz, la tristeza infinita del violín. Las fallas en el fraseo, el temblor de la afinación causado por el bamboleo de los vagones, desaparecieron ante un mensaje que venía de más allá. Cada sonido, cada cambio de arco, cada cambio de posición, comunicaba a quien quisiera captarlo la enorme tristeza que esa vida contenía. La timidez de la melodía que le impedía ser alegre cuando las notas lo pedían a gritos, la pasión de las notas graves, la melancolía de cada final de frase... era una tristeza tan sencilla, tan profunda a la vez, que al cabo de unos minutos ya causaba efecto en varios pasajeros. Cayeron más monedas, todos entraron en silencio.

El viejo hizo honor a su blanca tez y enormes ojos claros, diciéndoles unas palabras en alemán a los turistas, que le respondieron con su desdén característico. La promotora pasaba de vuelta, pregonando el matutino, el tipo del barco mostraba orgulloso su maqueta a los turistas, que volvieron a responder con desdén. Cayeron más monedas en el pañuelo, depositadas por personas que sentían algo, con ojos que reflejaban haber recordado penas enterradas, familiares muertos o viejos amores, alguna desgracia financiera o la desaparición de una mascota. Estación de Viña del Mar, momento de abandonar el tren. Pasajeros van, pasajeros vienen, entran, salen, el tren avanza.

Y el viejo continúa narrándole al mundo la profunda herida de su alma, tras las puertas de metal.

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Comentarios

una narración sublime. pavel eres un literarto!!!. da para capítulo de novela. excelente lectura me has otorgado. notable fragmento en el tiempo.
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Bellísima narración, Pavel, imagino el paisaje, la música (mientras escucho "Viejo Ciego", cantada por el Polaco, sobre un violinista ciego), y mientras recuerdo unas horas maravillosas en el puerto hace un par de dias... me vuelves al puerto...
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Es increible cuando de repente buscando sin saber que estás buscando, te encuentras con regalos desde otro submundo, que de alguna forma le dan una cuota de sentido a los aburridos dias que parecen eternos domingos de pueblo.

 Desde la melancolia en sepia que veo en tu relato, has logrado sacarme de aqui un rato y llevarme a uno de mis lugares favoritos y a mi proximo nuevo hogar...

Delicatessen de relato urbano, con rasgos clásicos interviniendo a una metálica y diversa modernidad... mis repetos para usted y a la enorme capacidad de ver tantos detalles...

Desde el Valle Interestelar

Freakisis

Estrambóticas Damas

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También tuve la fortuna de escuchar a aquél señor mientras viajaba en el tren. Cuando me contaron que había un hombre que se subía al tren a tocar violín, pensé que perfectamente podía calzar con la escena de alguna película. Afortunadamente el "realismo mágico" no es sólo un género literario, sino que se encuentra en cosas como estas... sencillas y maravillosas.

Me gustó mucho tu comentario, y genial que escriberas sobre ello.

Saludos!!

Fernando

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que bella narración, es que uno piensa también en la historia de esas personas que rompen lo cotidiano con lo mágico pero que uno sabe llevan una historia cargada de bellezas y miserias. además es cierto que es muy bella esa sensación de compartir una experiencia que conmueve y eso es algo que la música logra completamente, aunque las personas seamos tan distintas. saludos.
la jose
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NECESITO UBICAR AL ANCIANO QUE TOCABA VIOLIN EN ESTACION METRO VIÑA DEL MAR, ES ALEMÁN, CON SU MARAVILLOSA MUSICA SIEMPRE SENTADO EN LA ESTACION METRO DE VIÑA DEL MAR, LO NECESITO URGENTE. SI ALGUIEN ME PUEDE DECIR SU NUMERO CELULAR, POR FAVOR LLAMAR A MI CELULAR 82039587 O A MI CORREO.

GISSELA GOMEZ.

 

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