
El siguiente artíciculo está escrito con el poético fin de causar pánico en la población.
Porque lo necesitamos.
Últimamente, en Chile hemos estado muy hueones. El pueblo dice tener miedo, y las encuestas revelan que el miedo es por puras idioteces. Miedo en un país seguro, miedo a una economía relativamente sana, miedo a vecinos tán débiles como uno, miedo a poderosos mediocres, miedo a dar y recibir amor, miedo de los hombres a las mujeres, miedo de las mujeres a ser mujeres, miedo a tomar el toro por las astas de una vez por todas, miedo a creerse el cuento, miedo a olvidarse de los cuentos y vivir historias verdaderas.
Terremoto en el norte, maremoto en el sur, y aún el centro parece no darse cuenta. Anoche hubo más de 5 temblores en Valparaíso, dos de ellos grado 5, pero como en Santiago se sintió solo uno, no importa tanto. La ONEMI sigue en calma, en lugar de tener huevos y llamar al pánico general. Si la gente se asusta antes, supongo que tendría que estar más tranquila cuando quede el cagazo de verdad, ¿no? Ojalá. Total, en este preciso momento hay dos galaxias descubiertas por los astrónomos -cada una con un agujero negro en su interior- que se están masacrando la una a la otra con indecibles disparos de rayos gamma, que arrasan a su paso con cientos de miles de sistemas solares. Quizá cuantos millones de millones de ET muertos, y nuestra vida acá en la Tierra sigue igual. Conclusión, al universo no le interesamos en absoluto.
Pero la solución es el pánico. Imagínese el siguiente cuadro:
"Año Nuevo en el Mar para recibir el 2008 en medio de un enjambre sísmico; un millón y medio de turistas en el puerto, más de 300 mil en sus casas. El sistema de lanzado de los fuegos artificiales es automático. Nada de cientos de chinos encendiendo mechas, sino que un simple doble click. Una vez lanzado, no se puede detener. 12 de la noche, suenan las sirenas de los barcos anclados en la bahía, y estalla el primer volador de luces, el primero de una serie de varios miles. En ese momento, empieza a temblar.
"Terremoto fuerte. Miles de gringos asustados, mujeres histéricas, niños llorando, casas y postes que caen, alumbrado público que se apaga. La iluminación presente es intermitente, tan solo producida por gigantescas y ruidosas explosiones de colores, palmeras y corazones de luz que se pensó que esa noche traerían alegría. Entre el terremoto, el griterío de la gente y los fuegos artificiales, el ruido es ensordecedor. Caos general. Y cuando se enciende finalmente la Cascada del Año Nuevo a lo largo de la bahía, la guinda de la torta: Maremoto.
"Los útlimos fuegos artificiales no hacen "booom", sino que hacen "fzzzz" cuando son apagados por la crecida del mar".
Si se sobrevive a ésto, Chile será la salvación de la tierra. Vendrá Diciembre del 2012, el fin del ciclo Maya, el apocalipsis o una invasión extraterrestre huyendo de su galaxia achicharrada; sonarán las trompetas del apocalipsis, y el porteño saldrá a bailar cumbia, invitará a los extraterrestres a tomar vino barato, será realmente fuerte y solidario, y construirá pirámides.
Y luego, en la cima de éstas, sacrificará por fin a los responsables del Transantiago, a los militares torturadores que aún vivan y a los periodistas de farándula, mientras unos ebrios componen y cantan una inolvidable cueca relatando cómicamente los hechos.
Yo ya estoy practicando nuevamente mis rasgueos cuequeros, así que al aguaite no mah. Salud.

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AJAJAJAJA
Un apocalipsis dionisíaco
LA ZORRA!